Little chapel in Cádiz

Arquitecto: Jaime Aparicio Fraga. Colaboradores: Cristina Ruiz Muñoz

La capilla se encuentra en el interior del cementerio, un espacio en torno a un patio, independizado del resto del jardín por una cancela metálica, que data de 1813.

Tras visitarla, y contemplar su espacio, su luz, así como una serie de sepulturas en el suelo de la misma, se entiende que es necesaria una ampliación de la misma por dos motivos:

  • Primero, para convertir la capilla en un lugar de oración y de esperanza, más abierta, al que se pueda acudir y pasar algo de tiempo allí.
  • Segundo, para mejorar el espacio y la luz a dicha capilla, que de otro modo quedaría muy angosta y oscura.

Con estos criterios y teniendo en cuenta las  limitaciones físicas del sitio, con la presencia de árboles de grandes dimensiones a respetar, se propone la ampliación a Norte y a Sur, abriendo sendos huecos en las fachadas correspondientes de la citada capilla, y permitiendo una gran comunicación visual y física entre los tres espacios.

Inspirados en el Cántico de las Criaturas escrito por San Francisco de Asís en la primera mitad del siglo XIII, se diseñan dos capillas anejas a la principal, la Capilla del hermano sol, y la Capilla de la hermana tierra, que propician una suerte de catequesis para el visitante, ayudando a la trascendencia y a la Esperanza en la vida eterna.

La Capilla del hermano sol está coronada por un lucernario que permite un tipo de luz cenital que ayuda al recogimiento, pero que a la vez impregna el espacio de tensión arquitectónica, tiempo y gravedad.

Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas,

especialmente en el hermano sol,

por quien nos das el día y nos iluminas.

Y es bello y radiante con gran esplendor,

de ti, Altísimo, lleva significación.

Bajo dicho lucernario, una zona de asiento, de un material muy ligado a la arquitectura del lugar, y que se repetirá en suelos y zócalos, mármol blanco.

Y en uno de los asientos, nuestra madre, la Virgen María, sentada junto a la persona que allí acuda.

La Capilla de la hermana tierra, cuya geometría respeta la existencia de un enorme árbol del jardín, no sólo recibe la entrada de luz a través de un hueco alto, sino que permite la visión de sus ramas y de la naturaleza que la circunda.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra,

la cual nos sostiene y gobierna

y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

En ambas capillas, los nichos-columbarios que acogerán las urnas cinerarias se diseñan en acero-corten, un material sencillo y duradero que permite el desmontaje de cada una de las puertas para grabar el nombre del difunto, y con cierta facilidad de sustitución.

Se concibe esta arquitectura como sobria y contemporánea, y con materiales son sencillos y duraderos, en coherencia con la Orden.

Se ha buscado igualmente que dichos espacios estén conectados visualmente para permitir amplias perspectivas y dotar de unidad toda la actuación, así como para permitir la ubicación de imaginería.

Créditos: La imagen de la Virgen, Maria Esperanza de Oriente es del imaginero Javier Viver