El spleen de Paris o pequeño poema en prosa

Arquitectos: Jaime Aparicio Fraga – Adrián Torres Astaburuaga; Equipo: Cristina Ruiz, arquitecta. Fotografía: Mariela Apollonio. Construye: Origen Construcciones

En esta pequeña reforma de vivienda, ubicada en la parte más bohemia del barrio de Ruzafa, se quiso sugerir, de acuerdo con el spleen de París de Baudelaire, un espacio poético escrito en prosa, “una obrita que no tiene ni pies ni cabeza porque todo es pies y cabeza a la vez, alternativa y recíprocamente

Se trató así de encontrar en el espacio existente, no tanto los elementos formales de una cierta poética, como de hallar nuevas interpretaciones –más abstractas- de lo cotidiano: una obsesión que, como en el caso del poeta francés, nos sugería la vida efervescente de esta renovada área de Valencia y del entrecruzamiento de las distintas relaciones que concurren en este barrio.

La intervención consistió en la búsqueda de una planta abierta en la zona de día, integrando cocina, comedor y zona de estar como espacios volcados a la calle Sueca; para disponer los espacios de mayor serenidad, como dormitorios y espacio para practicar yoga, en relación al gran patio de manzana que se ubica en el otro extremo de la vivienda.

Se adaptó por tanto el espacio principal de la casa, que aparecía en origen muy compartimentado, a las necesidades y preferencias de los nuevos cliente. Sin embargo se mantuvo, a modo de palimpsesto, la huella de las antiguas divisiones de las estancias originales, marcadas tanto en los trazados de las molduras de escayola en los techos, como en los tapices que conformaban los pavimentos de baldosa hidráulica de principios del siglo XX.  

El trabajo de recuperación de los suelos fue muy intenso, incrustando listones de madera en las zonas anteriormente ocupadas por tabiques para mantener dichos tapices de baldosa hexagonal. Del mismo modo, también el trabajo de carpintería fue muy exhaustivo, ya que se restauraron y reutilizaron las puertas originales en distintas ubicaciones de la vivienda, uniéndolas o separándolas entre ellas para adaptarse a los nuevos huecos.   

Se trató también de sacar a la luz la desnudez y hapticidad de ciertos materiales, recuperando varios paramentos de caravista o de ladrillo “a panderete”, rehabilitándolos para que presentaran su sencillo y simple esplendor.

En definitiva, se trató de buscar una arquitectura imperfecta, que hablara el lenguaje de la belleza bohemia del lugar.

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