Las arquitecturas industriales tienen algo de paisaje. No son solo edificios: son hitos silenciosos que acompañan la memoria cotidiana de las ciudades. Durante décadas, la antigua nave de Jamones de Serón, en Quart de Poblet, formó parte de ese telón de fondo donde la actividad productiva dibujaba la identidad del lugar. Hoy, tras una profunda rehabilitación, el edificio inicia una segunda vida: la de un espacio comercial vinculado al mundo del motor.
La intervención parte de una actitud clara, de acuerdo con un cliente con experiencia y sensibilidad: respetar lo existente para proyectarlo hacia el futuro. La estructura original se conserva, reconociendo el valor constructivo y espacial de aquella arquitectura del trabajo, y sobre ella se introduce una redefinición precisa, casi quirúrgica, que actualiza el edificio para responder a nuevas exigencias estructurales, funcionales, energéticas y urbanas.
El resultado se organiza en sótano, tres plantas diáfanas y una cubierta transitable, pensada como una prolongación activa del programa. Los espacios comerciales se despliegan amplios y abiertos, con una lógica estructural que permite grandes superficies continuas. En ellos, la luz natural se convierte en un material más del proyecto, filtrándose y expandiéndose para definir una atmósfera clara, casi doméstica, en contraste con la robustez de la estructura heredada.
A lo largo de cada planta, una franja de servicios ordena el edificio con discreción: allí se concentran instalaciones, patinillos, aseos y los núcleos de comunicación vertical —escaleras, ascensores y montacoches—. Este sistema permite liberar el resto de la planta para los usos comerciales, reforzando la sensación de amplitud y continuidad espacial.
Una de las singularidades del proyecto aparece precisamente en esos sistemas de circulación: los vehículos pueden ascender desde la calle hasta la cubierta mediante montacoches, incorporando el nivel superior como espacio de aparcamiento bajo una pérgola fotovoltaica que convierte la cubierta en una infraestructura energética además de funcional. Asimismo, se ha tratado de encontrar la transparencia transversal, de forma que el edificio sea casi un filtro atravesado por la luz, conectando la huerta que se extiende al otro lado de la autovía con los espacios libres junto a la fachada Norte, donde crecen los cipreses de un antiguo cementerio.
La intervención en las fachadas traduce esta nueva etapa del edificio. En la fachada principal, un muro cortina cuidadosamente estudiado establece una relación directa con el entorno urbano y con el flujo constante de la autovía A-3. Carpinterías metálicas y vidrios de altas prestaciones no solo garantizan el confort térmico del interior, sino que construyen una imagen contemporánea y precisa, donde el edificio se muestra como escaparate y como referencia territorial.
En la parte posterior, una piel metálica lacada alterna superficies opacas con zonas microperforadas que tamizan la luz y ventilan los espacios. Este juego de texturas introduce una vibración sutil en el volumen, manteniendo la sobriedad propia de la arquitectura industrial.
También el acceso peatonal ha sido replanteado con sensibilidad urbana. La antigua valla desaparece y en su lugar surge una plataforma ajardinada con una pasarela accesible, que suaviza la transición entre la calle y el edificio. El gesto no es solo funcional: es una manera de abrir el edificio a la ciudad, de integrarlo en la experiencia cotidiana del peatón.
Vista desde la autovía o desde el centro de Quart de Poblet, la arquitectura vuelve a ocupar su papel de fondo urbano. Pero ahora lo hace con una nueva claridad: la de un edificio que ha sabido conservar su memoria industrial mientras se adapta a las lógicas contemporáneas de la ciudad y del mercado.
Donde antes resonaba el ritmo de la industria alimentaria, hoy circulan vehículos y luz. Y en esa transformación silenciosa, la arquitectura demuestra una vez más su capacidad más valiosa, dar continuidad al tiempo sin renunciar a la identidad de los lugares.












Ficha técnica
Arquitecto (Proyecto y Dirección de obra): Jaime Aparicio Fraga
Colaboradores: Ernesto Monge, Maite Solbes, Alex Castillo (Arquitectos)
Consultoría de estructuras: Fernando Galán
Consultoría de fachada: María Moya (Technal) – Victor Monterde (OyP)
Promotor: Dadelos, SL
Fotografía: Mariela Apollonio